Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2024

En las cloacas

      Me he introducido en ese nido infecto. He comprado un saco de abyecciones, el lote completo. No puedo decir "solo un poco".      Tras la entrada de la alcantarilla, desde fuera, se ven muchas cosas aparte de esas ratas enormes que emiten sonidos de lo más desagradables. Se escucha como afilan sus garras, como perfeccionan su técnica al mismo tiempo que las hunden entre los sedimentos.       Siento que ellas no son esclavas más que de lo subterráneo, de un modo que casi podríamos considerar voluntario; mientras que nosotras, que hemos llegado por casualidad, intentando escapar de algo que no podemos concretar, nos encontramos en un entorno hostil, sin herramientas para combatir sus ataques.      Es lógico pensar que en cualquier momento se abalanzarán sobre este cuerpo casi estático, que intenta avanzar poco a poco, temeroso de lo que pueda ocurrir todo el tiempo.      Su presencia es acumulativa y...

Molly Bloom

 No es que consintiera, que me diese igual o que pensara en complacerlo. Es que a través del mar lo veía en toda su grandeza potencial, en toda la grandeza de ese futuro que sentía que, por derecho, nos pertenecía.  Supongo que él percibiría algo bueno en mí, algo igualmente grande y magnánimo, cuando lo atraje hacia mí y lo sometí mediante el fragante aroma de mi perfume embaucador.  Nos proyectamos en nuestros hijos, que salían de entre las olas adquiriendo las formas de  sombras del porvenir. ¡Oh pobre Rudy! ¡Cuán infinita es la grieta que constituye tu ausencia! Pero ¿tú lo has visto? Él se autocompadece todavía, como si fuese la víctima principal de todo eso, como si fuese él, en concreto, el chivo expiatorio que necesitan los seres felices. Dejemos que esto siga así, pese a todo. ¡Pobre elemento pusilánime! Yo lo quería a mi manera, incluso con todo eso. Lo quise mucho cuando le respondí feliz, emocionada y contundente ese  SÍ QUIERO SÍ .

Teología

 Parte fundamentada de nuestras piezas cerebrales. Parte arcaica, asentada en nuestro pasado, presente y futuro. Rueca manipulable por lo ajeno, poderosamente. Los dedos mismos que la desmienten han destapado la tapa de cráneo. ¡Cuidado, cuidado! Demostraciones empíricas quieren robarnos a nuestros dioses eternos, esos mismos que parecían inquebrantables por ser realidades apriorísticas.  Pero eso ya nos queda demasiado lejano como para podamos seguir reafirmándonos en ellos.    

Katamari

  Nuestra cabeza era el cálido recipiente, el hervidero febril nacido en las ígneas mañanas de verano. Nos despertábamos con el peso insoportable del sudor y con el peso aún más terrible de la interrogación sempiterna.  ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo llenar los espacios huecos de esas existencias vacías? Desayunar se convertía entonces en algo más que en un acto alimenticio; era la posibilidad de romper ese esquema de inacción que parecía tan tentador nada más recobrar la conciencia, y a partir de ahí podían engancharse otras cosas. Éstas se adherían a veces a esa chispa primigenia de vitalidad, casi insignificante en sí misma, configurando una especie de katamari absurdo.  “Tal vez, con él podamos arrastrar el mundo” pensaba. Pero antes de que fuese lo suficientemente grande, las luces se apagaban y había que echarse de nuevo, cerrar los ojos y reconocer que todo volvería a empezar cuando se abrieran de nuevo.