Molly Bloom
No es que consintiera, que me diese igual o que pensara en complacerlo. Es que a través del mar lo veía en toda su grandeza potencial, en toda la grandeza de ese futuro que sentía que, por derecho, nos pertenecía. Supongo que él percibiría algo bueno en mí, algo igualmente grande y magnánimo, cuando lo atraje hacia mí y lo sometí mediante el fragante aroma de mi perfume embaucador. Nos proyectamos en nuestros hijos, que salían de entre las olas adquiriendo las formas de sombras del porvenir. ¡Oh pobre Rudy! ¡Cuán infinita es la grieta que constituye tu ausencia! Pero ¿tú lo has visto? Él se autocompadece todavía, como si fuese la víctima principal de todo eso, como si fuese él, en concreto, el chivo expiatorio que necesitan los seres felices. Dejemos que esto siga así, pese a todo. ¡Pobre elemento pusilánime! Yo lo quería a mi manera, incluso con todo eso. Lo quise mucho cuando le respondí feliz, emocionada y contundente ese SÍ QUIERO SÍ .
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