Con hachas, con pistolas y con mosquetones

     Aceptamos la posibilidad de que, tras las esquinas, estuviesen esperando esos seres fatídicos, aunque eso limitase nuestros movimientos. Poca gente sabía de los rodeos que teníamos que dar para no cruzarnos con ellos, poca gente quería darse cuenta. Pero cuando expandieron el abismo, más allá de cierta línea imaginable y arbitraria, alguien pareció molestarse un poco.
    -Tendremos que salir con hachas, con pistolas y con mosquetones-. Exigió, con acento decidido, aquella eminencia dinámica que nunca bostezaba. 
    ¡Y qué aburrido sería constatar que hubo críticas, que hubo quien habló de ciertos peligros! No reproduciremos esas voces, puesto que está claro que no son el punto esencial de este asunto.
    Se prepararon las hachas, las pistolas y los mosquetones y el grupo indeterminado de valientes se enfrenó con decisión a todo eso. Pero ¡oh eminencia dinámica que nunca bostezaba! Tú ibas por delante y te expusiste antes que nadie. Diríamos que el sacrificio de tal vida hubiese valido la pena, si acaso hubiese existido ese sacrificio. Dado que esto no es así, podemos afirmar con gran satisfacción, que la única sangre que corrió fue la de esos enemigos que, según hemos reseñado, habían estado al principio acechando desde la esquina.

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